junio 21, 2024

El primer aparato furtivo multifunción de quinta generación del mundo que alcanza este estatus desde principios de los años 90, y proporciona a Estados Unidos y la OTAN una capacidad crítica.

«Mantenerse por delante de las amenazas», esa es la idea en la que incidió sin rodeos el fabricante del F-35, Lockheed Martin, para explicar en un comunicado su anuncio. El que uno de los principales aviones estadounidenses ha conseguido la certificación para portar la bomba termonuclear de gravedad B61-12. Y esto ocurre en un momento en que el chantaje nuclear y la tensión con la Alianza Atlántica vuelven a ser la carta preferida por Putin.

F-35A CC

La practicidad de este paso también está en algo que resaltaba la Federación de Científicos Estadounidenses, en 2023, el que aproximadamente 100 variantes más antiguas de bombas B61 estarían alojadas en países de la OTAN como Bélgica, Alemania , Italia, los Países Bajos y Turquía. Naciones que tienen en común la misión de ataque nuclear de la Alianza y que operan con el avión F-35. El periodista Eben Harrell en ‘Times Magazine’ las llamó ‘bombas nucleares secretas’, ya que ninguno de los gobiernos que las alberga reconocen abiertamente su existencia, pese a ser un secreto a voces.

De hecho, la necesidad de tener un avión con capacidad nuclear ha sido una razón clave, según la publicación especializada ‘Breaking Defense’, para que Alemania se haya unido al único programa de armas nucleares de Estados Unidos con base en Europa. En el pasado, en los momentos álgidos de la Guerra Fría, Europa llegó a albergar hasta 7.000 ojivas, como apunta Gordon S. Barrass, miembro de la Junta del Centro de Estudios de la Guerra Fría de la London School of Economics.

Detalles

La bomba B61-12, también llamada ‘bala plateada’ se guía por láser e infrarrojos y tiene una excelente puntería, y el quid de la cuestión es que se amolda a la perfección al F-35A, tal como saca a relucir ‘The War Zone’. Y con esta certificación estamos ante el primer caza furtivo multifunción de quinta generación del mundo que alcanza este estatus desde principios de los años 90, «proporcionando a EE. UU. y la OTAN una capacidad crítica», apuntaba Russ Goemaere, portavoz de la Oficina del Programa Conjunto del F-35, a ‘Breaking Defense’.

Un avión de doble capacidad- porque puede transportar armas convencionales y nucleares- que se suma a la tradicional tríada nuclear de bombarderos, misiles balísticos intercontinentales lanzados desde tierra y submarinos. Y resulta crucial para las naciones europeas para frente a una posible agresión rusa.

De ‘juegos’ delicados y ‘dobles llaves’

Un movimiento de disuasión nuclear que en el caso de la OTAN se basa en el principio de la ‘doble llave’: los caza-bombarderos de los países anfitriones pueden utilizar las bombas B-61 que poseen. Pero la autorización y los códigos de estas armas dependen únicamente del Pentágono.

Un juego delicado entre aliados y enemigos, tal como destacaba el experto militar Fabian Hoffmann, de la Universidad de Oslo que ha llegado a declarar que «a Occidente en realidad sólo le quedan dos o tres años» para evitar una guerra con Putin. Y para tener una fuerza de disuasión creíble.

Hoffmann añade que Rusia en caso de que iniciara movimientos hostiles directamente contra la OTAN, no estaría interesada en «derrotar completamente a la Alianza en una guerra terrestre prolongada, su principal objetivo sería controlar eficazmente la escalada y poner fin a la guerra en condiciones favorables para Moscú», antes de que la Alianza Atlántica pueda explotar su superioridad militar.

Asimismo, Hans Kristensen, director del Proyecto de Información Nuclear de la Federación de Científicos Estadounidenses, ha declarado a la prensa que el anuncio de certificación de los cazas F-35A es un hito en el actual esfuerzo de modernización nuclear de Estados Unidos. En el que también se pretende, tal como indicaba Biden en octubre- avanzar de la bomba B61-12, de 50 kilotones, a la variante B61-13 de 360 kilotones. Que como detallan es una bomba nuclear 24 veces más potente que la bomba atómica que arrasó Hiroshima, y 14 veces más que la que se lanzó sobre Nagasaki.